martes

no ha de ser

más elevada que tu voz
te levantas del aliento
blanco y matutino de la nada
esplendes los amaneceres
que sin ti son noches apagadas
y vives al aire con tus manos

fuera de tu aliento
la muerte carcome el espacio
fuera de tu sangre
avanza la noche y sus silencios
caen de tus ojos las estrellas
y sufren los mares sus gemidos
si no vuelan tus pestañas

es tu delgadez
el lado convexo del universo
sin esa ausencia de tu cuerpo
nada sería posible
ni los sueños de los ciegos
ni los versos de los hombres

encuéntrate algún día
corazón de los espejos
obsérvate flotar sobre deseos
y mira cómo
sumerge el tiempo lo que tú no miras
cómo abraza el olvido
el amor que dejas en el sótano
cómo ausenta el viento
las palabras que no recuerdas

cómo todo:
el amor el deseo y las palabras
tienen un gusto amargo de noviembre
el sabor de lo que no ha de renacer
la hermosura triste del ocaso
y el grito apagado del pecho
porque no habrá más abriles
y tú no has de volver sobre tus pasos.

domingo

canto a dos voces

a veces se disparan flechas
detrás de las manos temblorosas
mientras los ojos cerrados
lloran hacia las venas

muchas noches no hay luna
ni estrellas ni nubes
porque los grillos se esconden
de los anhelos súbitos

se miran a la cara mas no los ojos
y piensan sólo en la mejilla
en el lóbulo y en el labio
mas no en la lengua y la mirada

se disparan las flechas ausentes
se hieren a sí mismos haciendo blanco
en el pecho de alguien que no era
que no debía ser el cielo de aquel día

muchos días se confunden las aves:
hacen círculos de izquierda a derecha
y se olvidan verdes y ruidosas de decir
este hoy ya es un siempre y un mañana

no ha de amanecer para ellos ese día
que la lengua se ponga ante sus pies
que el corazón le ate a su espalda
un recuerdo, una mirada verdadera

no ha de venir una noche como esa
que las manos toquen suaves su labio
que en su aliento renazca el fruto
que aún no llega de la mano en su pecho

toca, toca mi pecho, aquí, aquí:
donde ha de unirse de lágrimas en labio
el único acento de palabras graves
la ya sin olvido voz de nuestra voz

sábado

los que se aman

encuentran un día sus tactos
y sienten el rojo de sus corazones
sangran sus venas de azul cielo
para aumentar la sed de sus manos
crecen así sus cuerpos estando de frente
integran sus pieles sin abarcarse nunca
y se encuentran cada vez que se tocan

aman el tronco desnudo de los árboles
beben en las manos cruzadas
el agua naciente de la tierra
y llevan un grillo siempre en la mano
para tener cerca sus latidos

detienen las aves en sus hombros
y ellas vienen por su voluntad
escuchan de cerca las felices
fiestas de los insectos revoltosos

enloquecen con el dorado de las mañanas
y los naranjas de las tardes
revuelven el agua blanca entre sus dedos
y se salpican de algodón la nariz

encantados de verse bailar sobre azucenas
acarician también flores blancas
y estiran sus lenguas hasta arrancarles
el dorado sabor del agua y la tierra

se sumergen con la boca abierta en sus cuerpos
se adentran en su sangre y en sus huesos
y por fin viven ahí para siempre
atándose con sus propias manos al otro
dejándose sentir la lluvia sobre el rostro

viernes

nosotros

cuántos años vivimos bajo nuestro cuerpo
anochecidos por nuestras ausencias
dormidos al deseo de ser nosotros

vamos en un pie sobre la línea plateada
atadas nuestras manos a la espalda mutua
las bocas unidas en una palabra

sin desear, sin ser para la muerte ni la vida
carentes de matices y con las manos vacías de nada
abandonados al desierto inmenso de nuestra verdad

abierto el cuerpo sangrante de destinos
siguiéndonos nuestros ojos a donde vamos
vuelan las manos y los labios a sus presencias

desatan a gritos los botones azules de nuestro cielo
y rompen las telas de las palabras no dichas
para verse respirar el uno dentro del otro

nuestra edad

dónde está nuestra edad
sin saber dónde estábamos
antes de estar aquí

pudo ser tan sólo ayer
que el cielo nos reventó
desde su seno azulado

qué edad tiene tu risa
que no se piensa en años
y no explora superficies

cuántos años tu corazón
que es más joven siempre
pues siempre quiere más

dime si cuando en las mañanas
abres tus ojos limpios
no es como la primera vez

naces a cada impulso de vivir
de amar a tus amores
y entregarte a ti en ellos

martes

ausencia

viejos muros son mis alas
que han volado tan alto
hasta el infierno
que es tu ausencia

escaleras hacia el precipicio
el camino que dejaste
puertas sólo de salida
las palabras que me diste

columnas sujetando el aire
tus esperanzas cambiantes
ventanas hacia la roca
tu corazón oculto

ausencia perfecta sin tu luz
sin el sonido de tu risa
esta casa vacía ya no tiene
ni donde poner almohadas

lunes

son

cascada de sol en silencio
es la vida que me das
arrullo de hijos de nubes
y vientos de llanto

ausencia en espacios brillantes
desbordados de luz y día,
agazapado a media felicidad
en mitad de gritos de júbilo

ahogado en lluvias bailarinas
muero de ser feliz y de no serlo
muero porque soy feliz
pero también porque no puedo

aire arrojado que me incendia
que me arrulla en esta muerte
que es estar contigo sin ti
y escucharte sin tenerte nunca