cuántos años vivimos bajo nuestro cuerpo
anochecidos por nuestras ausencias
dormidos al deseo de ser nosotros
vamos en un pie sobre la línea plateada
atadas nuestras manos a la espalda mutua
las bocas unidas en una palabra
sin desear, sin ser para la muerte ni la vida
carentes de matices y con las manos vacías de nada
abandonados al desierto inmenso de nuestra verdad
abierto el cuerpo sangrante de destinos
siguiéndonos nuestros ojos a donde vamos
vuelan las manos y los labios a sus presencias
desatan a gritos los botones azules de nuestro cielo
y rompen las telas de las palabras no dichas
para verse respirar el uno dentro del otro
viernes
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