miércoles

desde entonces

no te amo desde hoy
ni desde mi cuerpo...

te amo desde las ondas profundas
del agua de los mares,
desde los colores de los peces,
con todos sus susurros de nosotros;
te amo desde los sonidos
y las sombras que se esfuman en las noches;
desde el centro de las cosas,
desde los objetos cotidianos y sus lazos.

desde la luz y el corazón de las flores,
desde la vida de esta ave y esa hormiga,
y desde cada cosa que te mira y que te toca.

empecé a amarte desde
la primera palabra que alguien dijo,
cuando todo tomó este rumbo
hasta traerte a mí desde tan lejos;
desde el origen del movimiento,
antes de la existencia de los astros
con todos sus símbolos y señas.

aunque nada nos haya apuntado,
aunque no estuviera escrito en el cielo
con puntos luminosos enlazados,
ahí estaba ya todo consumado
como una fiesta sorpresa de los dioses.

y así hoy te amo desde mi amor
y desde el amor tuyo también,
en el tiempo y fuera de él,
en el espacio y el vacío,
y para siempre desde hoy
porque nunca hay otro tiempo.

domingo

dormida

me embriago de luz y de cielo
y me regocijo en este dolor de ausencia,
me lleno de los besos de tu sueño
hasta ser sólo consciente de tus labios.

huye el mundo y la materia,
es tan breve todo para tus palabras:
tan carentes de color las cosas todas
que no dices con tu boca tierna

te has entregado a mi mano abierta
como la fruta nueva que da su vida
y puedes llamarte ajonjolí o nectarina
o amor soñado o arrecife
o exacerbación del fuego de los sueños.

qué oscuridad amada la de tu silencio,
la de tu espalda en las mañanas;
qué oscuridad la de nuestras noches
que hemos robado a vivos y noctámbulos;
qué amada oscuridad la que me entregas
con el primer largo suspiro de la noche.