nada detiene la marea que se alza azul al cielo
ni la suave brisa que empuja sus silencios
ni la voz que encuentra ecos en las caracolas
así tiembla la gota estremecida de las hojas
así huye al campo el grito de los niños
en breve fuga de instantes alzados
sobre la sombra de los sueños.
se mueve porque vive la hoja verde
y vive porque se mueve la esponja silenciosa.
cómo avanza la nube a ser nube
sobre la fina alfombra del asombro muda,
y pinta en la imaginación más que en el cielo
las mil blancas sombras que el miedo invoca,
y así descubre ella en sí misma
que siendo nube, es ya otra cosa.
martes
sigue
donde el cielo abandonó el horizonte
sigue el tiempo.
donde la mariposa tornasola el cielo a fuerza de aletazos
sigue, sigue, sigue el tiempo
dándonos sus martillazos de olvido,
su duro y ciego andar con el polvo del desierto
reventándonos a cada paso contra el viento,
sigue.
sigue aquí a mi lado
incesante de llamas que todo lo consumen
y siento su fuego azul quemarse bien
aquí a mi lado.
donde la vida da su mejor cara
en el silencio verde de los campos a lo lejos
sigue aunque más lento, sigue.
en los cielos sin nubes que deslumbran
y nada parece, nada que pasa,
parece, pero sigue.
donde cantaba el ave ya ha callado
donde esta gota, ya no es gota.
hasta en los espejos limpios de esperanza
donde alguna vez vimos la sonrisa.
a qué distancia habré de hallarme
para ver de lejos ya verdes y ya secas
las hojas de los robles
en donde habrá un lugar en donde siempre
el agua sea solo agua
y no esas mentiras cristalinas sin reflejos
que no empañan
la memoria
porque sigue, sigue, sigue.
pero
en el duro eslabón de piedra de las fuentes
negras y gastadas
donde sólo a veces un caracol desvencijado,
una acorralada larva necia,
de hambre de ayer sin futuro,
sólo ahí. solo.
solo. ahí no sigue.
sigue el tiempo.
donde la mariposa tornasola el cielo a fuerza de aletazos
sigue, sigue, sigue el tiempo
dándonos sus martillazos de olvido,
su duro y ciego andar con el polvo del desierto
reventándonos a cada paso contra el viento,
sigue.
sigue aquí a mi lado
incesante de llamas que todo lo consumen
y siento su fuego azul quemarse bien
aquí a mi lado.
donde la vida da su mejor cara
en el silencio verde de los campos a lo lejos
sigue aunque más lento, sigue.
en los cielos sin nubes que deslumbran
y nada parece, nada que pasa,
parece, pero sigue.
donde cantaba el ave ya ha callado
donde esta gota, ya no es gota.
hasta en los espejos limpios de esperanza
donde alguna vez vimos la sonrisa.
a qué distancia habré de hallarme
para ver de lejos ya verdes y ya secas
las hojas de los robles
en donde habrá un lugar en donde siempre
el agua sea solo agua
y no esas mentiras cristalinas sin reflejos
que no empañan
la memoria
porque sigue, sigue, sigue.
pero
en el duro eslabón de piedra de las fuentes
negras y gastadas
donde sólo a veces un caracol desvencijado,
una acorralada larva necia,
de hambre de ayer sin futuro,
sólo ahí. solo.
solo. ahí no sigue.
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