sábado

qué éramos

Qué éramos en la pared de nuestra casa,
pero ya nada,
la pintura seca de un cuadro viejo.
Y qué pena el viaje que no hicimos,
ayer todavía soñábamos con nosotros,
ayer todavía como si fuera hoy,
ayer como si el tiempo
estuviera a nuestro lado,
ayer como si nada.

Qué éramos en esa fuente de verdes,
un tallo muerto,
una flor que no tuvo semilla.
Sin embargo ahora,
ahora como si la verdad fuera otra,
la nota corregida que nunca se tocó,
el silencio que faltaba,
un ataque consumado sin jinete.

Nada de verdad,
pero sentíamos que nos faltaba la piel
y nos besábamos el hueso,
y buscábamos en el relámpago del ojo
como si fuera otro mundo,
pero no éramos nada,
la palabra que se quedó en la boca del profeta.

Deseábamos ser es verdad,
pero qué éramos en ese torso de bronce,
la parte que caía,
el derrumbe,
el calor dándole forma,
pero nosotros,
que pensábamos en ese momento
que veíamos de frente
y se ha mudado atrás.

Nada somos
ahora que hemos muerto amor mi amor,
ni la tierra sabe lo que quisimos ser.

lunares

Encontrarme en la onda
de tus ojos lunares
abrir el espacio del imán
bilabial
tu lengua
hacia el abismo claro y limpio
a que me atrae
la energía ondulada
tu voz

soy por una vez desde el pasado
hasta hoy y hacia delante
la partícula que explora tus secretos
desde la lejanía en que la vida nos ha puesto
el rayo de luz que en tu iris
difumina los colores
el blanco

la vía láctea mis besos
que rondan tus ideas
ensueño hecho de ayeres con vistas al futuro.

mujer

Mujer

En teoría renacerían mis labios,
pero en lo tangible no
han hecho más que ir muriendo.

Lo que tocas mujer
se hace mágico y borroso,
la bruma que lo envuelve:
tus palabras cálidas, enmascaradas;
la neblina que hace aparecer luces y sombras,
puntos rojos y azules en el horizonte.
Tus gestos abren mundos hacia atrás
donde los aprendiste.

No soy tan fácil de engañar mujer;
y es que quizá
no te haz detenido en mis ojos:
su claridad es de otra naturaleza,
su mundo otro nivel:
el que ve no detrás de las cosas,
sino detrás de lo que no se ve.

¿Qué batallas se libran en tu interior?
que la imaginación desbordada y la locura,
ambas dando cuerpo al genio en tu persona
liberan tus horizontes internos
y te expanden hacia adentro.
Nadie mujer, nadie puede huir,
y aunque la verdad también se inventa
la sola esencia de las cosas es sólo una
su naturalidad innegable.

Cuantos soles abriste con un guiño
son hoy supernovas.
Nunca creaste tantas estrellas
en el anterior cielo vacío
como las que ahora se desploman de él.
Cuando haz mirado al cielo lo haz hecho volar,
cuando le haz sonreído
revive en él un azul mítico y atemporal:
el cielo te ama pero puede caer sobre ti.
El cielo te ama,
y en arrebatos de amores
ha de partirse y lanzarse sobre ti
para alcanzarte.

En la locura del amor se abrirá un intersticio,
una grieta negra en su inmenso azul
por donde saldrá su mirada,
que bien vista
no es la ausencia de luz sino su máscara.

Es el vacío tan profundo
que alberga en sí
la posibilidad de contenerlo todo.

A tu gravedad de hoyo negro
han sucumbido caballerías,
han caído ya varios reyes mitológicos,
héroes que tú misma inventaste,
la misma tinta de estas palabras
tiende hacia ti irremediablemente,
el mundo entero caería en tu bolso.

A cada diástole tuya mujer
el Universo se derrumba.