amaneciste al mundo en pies de seda
al canto de la aves donaste tus acordes
y sin saber siquiera que el sol a tus amores
daría los frutos que tu alma quiera
dulce ignorante fuente de las flores
que al mar pudiste hacer de piedra
por un momento hacer de agua el monte
y vestir la rosa con tu llanto en piel de hiedra
cuídate de no decirte no a ti mismo
también al levantar la tarde una mañana
al no decirle si a la flor y al nido
y al despreciar
también el sol y el agua
y así al ver tus oscuros ojos cristalinos
la lágrima y el canto mañana en el pasado
veo también en cada cosa, en cada estado
la raíz profunda de aquello que no ha sido
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