domingo

lluvia 2

Hubo un relámpago,
una mano cayendo del cielo
con todas sus venas encendidas.

Qué melancólica la lluvia,
qué tarde, las bocas de Dios abiertas,
los corazones puestos a pensar,
sin muros las alas del recuerdo
y viene sin embargo
siempre lo mismo al corazón.

Que viniera un día el agua a vernos,
y la tierra dejase de ser roja;
pero no, el pasado nos miente de nuevo
para que el corazón viva hoy
con el coraje de ayer.

Allá los campos, allá,
por más que llueve nada
nos vemos con la boca abierta
alcanzando con la lengua
al ojo eco del cielo.

Dime si no es tristeza
el gris tan bello en la mitad
trayéndonos al pasado en esta tarde
para arder el cuerpo
y rescatar las cenizas

di si no es tristeza
¿para qué?

silencio

cómo si soy ahora un grito
y busco el tono
que pudiera darnos paz
sin que arda nuestra sangre

aguanto, espero agazapado
semejante a un respirar pausado
que se resigna a ser silencio

deseo por fin vencerme
y atarme a la tierra húmeda
a esperar otra tormenta

he querido levantar la mano
y untarte contra el viento

o morder vacíos oscuros
porque ya no puedo hablarte

jueves

espejo de agua

hemos avanzado sobre el agua
y se amotinan las nubes con su fuerza
fuera y alrededor nuestro

hemos caminado un poco
pisando hierbas secas que se quiebran
y no ha sido aún otoño

qué término de río sin cascada
has abierto en el nido desierto de mi pecho
y cuán solo se está hoy
donde antes sólo se estaba vacío

y era inútil primero tocar el agua desnuda
que emanaba de la punta de tus dedos
y es inútil ahora romper el árbol de raíz
que ha crecido robusto y bueno como un hombre

¿hacia dónde se enturbian nuestras aguas?
¿en qué reflejo y dónde he de encontrarte?

si he sido un sólo instante
de agua entre tus manos
y ya escurro entre tus dedos
que no han podido asirme
para que te sigas observando en mí

¡si al menos me agotaras en tu labio!
si después de verte en mí
me bebieras en tu reflejo
y habitara yo más tiempo lo que somos

pero han pasado ya de frente
y sin mirarnos
el hombre y la mujer que fuimos antes
sin saber de qué sueño de amor han despertado
ni hasta dónde llegó
el fuego que encendieron en el agua

martes

paisaje IV

ha llovido ya toda la tarde
y amanece el mar arrojándose a tu fuego

atraen las nubes el sabor de sal
y los peces han preferido callar
al sentir el temblor de tu paso

esta noche cielo
ha murmurado el vaivén del agua
y el miedo de la serpiente de fuego
se levanta del silencio

todo es ruido en esta noche
todo es luz, temblor y fuerza

y ese fuego allá a lo lejos
detrás del cielo y frente al agua
ha vivido ya en tus ojos
desde antes de esta noche
de esta noche que no acaba

lunes

anochece

Atravesado de mis ojos suena tu grito
pero no es un ay,
sino un estallido de luz
que desboca su mirada contra mí.


Ah, si suavemente supieras
lo que sé de ti sin que lo sepas
lo que quiero saber de tu cuerpo
lo que me une a ti en elemento
en materia inestable;
cómo deseo unirme contigo
habitarme en ti como si fuera tuyo
alejarme al centro de mí mismo
y contemplarnos desde ahí
como dos rocas al borde del río.



Si pudiéramos rompernos
en ese grito suave,
semejante al aletear de árbol
que pueda llevar en su centro
nuestra sangre,
y mecernos entre los brillos
de sus hojas
olvidaríamos también, una a una
las tristezas de los días pasados.

domingo

furia

he probado ya mil veces
el fuego de tu furia
he visto ya hasta hasta hartarme
la fuerza de tu sangre

ni la sombra lo creería
si observara tu mirada
de dulce y femenina que me acaba

cómo has levantado el mar en un sonido
cómo ha sido la estrella un despojo tuyo
y la brisa y el sonido de las olas
el aliento que no has querido llevar contigo

y a mí, que me ves sin verme
me llevas al sueño por la puerta de marfil
y me traes al infierno en tu silencio

qué sería de mí si un día me tomaras
como si una luz sin origen
se moviera entre los muertos
y amara por un momento el ojo de uno

he probado ya mil veces
el fuego de tu furia

sin temor del bosque y sus sonidos
que hasta la lluvia ha pasado sin tocarte
ni las bestias han deseado ver tus ojos
para no sentir la herida de tu labio

pero yo que existo apenas
en la orilla que olvidaste de tu mano
en el dedo más delgado que te queda
no he podido aún huír a mi destino

qué sería de mi vida si me vieras