sábado

de ti

tersa, blanca tu piel
dentro de ti crece mi deseo
dentro, dentro de ti
mis manos te dicen amor

olvidándome tu querer
tu cuerpo sin embargo me llama
en tu corazón el mío
pequeño como su manecilla
apenas late, apenas te murmura
mi nombre al lado del tuyo

resistiéndose tu voluntad
tus ojos aún te piden algo mío
en ti, en tus ojos con sueños
los míos intentan abrirse
decirte de mi luz que te espera

y tu pecho amordazado de tus manos
en su fuego y en su amor
crece hasta alcanzarme a solas
en su perfección intacta
luna transparente de tu alma
me habla de silencio y llanto

ahí encuéntrame si me buscas
ahora que no me pertenezco
vibrando en el rincón de tu latido
apenas fuera de tu aliento
en una vocal de tus palabras

si sientes un poco de nostalgia
no me llames si te duele

acaricia suavemente tu vientre
recorre con tus dedos la cintura
sopla despacio al dorso del brazo
ahí estoy amándote sin sueño

dentro de tu cuerpo estoy sin ti
hoy que no me pertenezco

martes

no ha de ser

más elevada que tu voz
te levantas del aliento
blanco y matutino de la nada
esplendes los amaneceres
que sin ti son noches apagadas
y vives al aire con tus manos

fuera de tu aliento
la muerte carcome el espacio
fuera de tu sangre
avanza la noche y sus silencios
caen de tus ojos las estrellas
y sufren los mares sus gemidos
si no vuelan tus pestañas

es tu delgadez
el lado convexo del universo
sin esa ausencia de tu cuerpo
nada sería posible
ni los sueños de los ciegos
ni los versos de los hombres

encuéntrate algún día
corazón de los espejos
obsérvate flotar sobre deseos
y mira cómo
sumerge el tiempo lo que tú no miras
cómo abraza el olvido
el amor que dejas en el sótano
cómo ausenta el viento
las palabras que no recuerdas

cómo todo:
el amor el deseo y las palabras
tienen un gusto amargo de noviembre
el sabor de lo que no ha de renacer
la hermosura triste del ocaso
y el grito apagado del pecho
porque no habrá más abriles
y tú no has de volver sobre tus pasos.

domingo

canto a dos voces

a veces se disparan flechas
detrás de las manos temblorosas
mientras los ojos cerrados
lloran hacia las venas

muchas noches no hay luna
ni estrellas ni nubes
porque los grillos se esconden
de los anhelos súbitos

se miran a la cara mas no los ojos
y piensan sólo en la mejilla
en el lóbulo y en el labio
mas no en la lengua y la mirada

se disparan las flechas ausentes
se hieren a sí mismos haciendo blanco
en el pecho de alguien que no era
que no debía ser el cielo de aquel día

muchos días se confunden las aves:
hacen círculos de izquierda a derecha
y se olvidan verdes y ruidosas de decir
este hoy ya es un siempre y un mañana

no ha de amanecer para ellos ese día
que la lengua se ponga ante sus pies
que el corazón le ate a su espalda
un recuerdo, una mirada verdadera

no ha de venir una noche como esa
que las manos toquen suaves su labio
que en su aliento renazca el fruto
que aún no llega de la mano en su pecho

toca, toca mi pecho, aquí, aquí:
donde ha de unirse de lágrimas en labio
el único acento de palabras graves
la ya sin olvido voz de nuestra voz

sábado

los que se aman

encuentran un día sus tactos
y sienten el rojo de sus corazones
sangran sus venas de azul cielo
para aumentar la sed de sus manos
crecen así sus cuerpos estando de frente
integran sus pieles sin abarcarse nunca
y se encuentran cada vez que se tocan

aman el tronco desnudo de los árboles
beben en las manos cruzadas
el agua naciente de la tierra
y llevan un grillo siempre en la mano
para tener cerca sus latidos

detienen las aves en sus hombros
y ellas vienen por su voluntad
escuchan de cerca las felices
fiestas de los insectos revoltosos

enloquecen con el dorado de las mañanas
y los naranjas de las tardes
revuelven el agua blanca entre sus dedos
y se salpican de algodón la nariz

encantados de verse bailar sobre azucenas
acarician también flores blancas
y estiran sus lenguas hasta arrancarles
el dorado sabor del agua y la tierra

se sumergen con la boca abierta en sus cuerpos
se adentran en su sangre y en sus huesos
y por fin viven ahí para siempre
atándose con sus propias manos al otro
dejándose sentir la lluvia sobre el rostro