lunes

tres a oscuras

noche soledad silencio
atrás de sus ojos cerrados
amar amargo

lunas mudas de desprecio
en sus labios de sol callado
decir desierto

corazones nubes nervios
en nuestro latido ya agotado
de ayer y callo

jueves

gusto del otoño

suave dolor y amargo
me gustas en la lengua
si lates en mis manos

blanco sabor de espinas
apenas en abril no eras
ni sombra ni recuerdo

dulce circulación interna
de canteras rosas
qué ligera te llevaba yo
sobre los hombros de ella

blando grito del hondo pecho
si esperaras una vez más
a que amanezca el sudor de su frente
y el rumor de su espalda

fragante entierro de futuros
¿volverás a sepultar pasados
en las luces de una arena
de otro río de otra tierra?

cuánto dispone el aliento
para una sombra o una almohada
que una vez que duele
ama el dolor del alma

y sigue todo y no se acaba

lunes

de olvido

a ojos abiertos
lunas, martillos de lunas
afuera del silencio
atrapadas, lunas de luz
ahogándose, en suspiros fuertes

a ojos abiertos
agua, golpes de agua
golpes rotundos, de muerte
de sordera muerte, ausente
olvidos de nunca, de roto
de última carne, de adiós

ciérramelos a fuerza
olvídame tus palabras
aléjame tus recuerdos de mí
aprieta en mis manos ese papel
con letras de mis noches

sostén los sonidos de tu boca
desmenúzalos entre tus dedos
entretén tus rechazos
ante la sombra del olvido

sábado

de ti

tersa, blanca tu piel
dentro de ti crece mi deseo
dentro, dentro de ti
mis manos te dicen amor

olvidándome tu querer
tu cuerpo sin embargo me llama
en tu corazón el mío
pequeño como su manecilla
apenas late, apenas te murmura
mi nombre al lado del tuyo

resistiéndose tu voluntad
tus ojos aún te piden algo mío
en ti, en tus ojos con sueños
los míos intentan abrirse
decirte de mi luz que te espera

y tu pecho amordazado de tus manos
en su fuego y en su amor
crece hasta alcanzarme a solas
en su perfección intacta
luna transparente de tu alma
me habla de silencio y llanto

ahí encuéntrame si me buscas
ahora que no me pertenezco
vibrando en el rincón de tu latido
apenas fuera de tu aliento
en una vocal de tus palabras

si sientes un poco de nostalgia
no me llames si te duele

acaricia suavemente tu vientre
recorre con tus dedos la cintura
sopla despacio al dorso del brazo
ahí estoy amándote sin sueño

dentro de tu cuerpo estoy sin ti
hoy que no me pertenezco

martes

no ha de ser

más elevada que tu voz
te levantas del aliento
blanco y matutino de la nada
esplendes los amaneceres
que sin ti son noches apagadas
y vives al aire con tus manos

fuera de tu aliento
la muerte carcome el espacio
fuera de tu sangre
avanza la noche y sus silencios
caen de tus ojos las estrellas
y sufren los mares sus gemidos
si no vuelan tus pestañas

es tu delgadez
el lado convexo del universo
sin esa ausencia de tu cuerpo
nada sería posible
ni los sueños de los ciegos
ni los versos de los hombres

encuéntrate algún día
corazón de los espejos
obsérvate flotar sobre deseos
y mira cómo
sumerge el tiempo lo que tú no miras
cómo abraza el olvido
el amor que dejas en el sótano
cómo ausenta el viento
las palabras que no recuerdas

cómo todo:
el amor el deseo y las palabras
tienen un gusto amargo de noviembre
el sabor de lo que no ha de renacer
la hermosura triste del ocaso
y el grito apagado del pecho
porque no habrá más abriles
y tú no has de volver sobre tus pasos.

domingo

canto a dos voces

a veces se disparan flechas
detrás de las manos temblorosas
mientras los ojos cerrados
lloran hacia las venas

muchas noches no hay luna
ni estrellas ni nubes
porque los grillos se esconden
de los anhelos súbitos

se miran a la cara mas no los ojos
y piensan sólo en la mejilla
en el lóbulo y en el labio
mas no en la lengua y la mirada

se disparan las flechas ausentes
se hieren a sí mismos haciendo blanco
en el pecho de alguien que no era
que no debía ser el cielo de aquel día

muchos días se confunden las aves:
hacen círculos de izquierda a derecha
y se olvidan verdes y ruidosas de decir
este hoy ya es un siempre y un mañana

no ha de amanecer para ellos ese día
que la lengua se ponga ante sus pies
que el corazón le ate a su espalda
un recuerdo, una mirada verdadera

no ha de venir una noche como esa
que las manos toquen suaves su labio
que en su aliento renazca el fruto
que aún no llega de la mano en su pecho

toca, toca mi pecho, aquí, aquí:
donde ha de unirse de lágrimas en labio
el único acento de palabras graves
la ya sin olvido voz de nuestra voz

sábado

los que se aman

encuentran un día sus tactos
y sienten el rojo de sus corazones
sangran sus venas de azul cielo
para aumentar la sed de sus manos
crecen así sus cuerpos estando de frente
integran sus pieles sin abarcarse nunca
y se encuentran cada vez que se tocan

aman el tronco desnudo de los árboles
beben en las manos cruzadas
el agua naciente de la tierra
y llevan un grillo siempre en la mano
para tener cerca sus latidos

detienen las aves en sus hombros
y ellas vienen por su voluntad
escuchan de cerca las felices
fiestas de los insectos revoltosos

enloquecen con el dorado de las mañanas
y los naranjas de las tardes
revuelven el agua blanca entre sus dedos
y se salpican de algodón la nariz

encantados de verse bailar sobre azucenas
acarician también flores blancas
y estiran sus lenguas hasta arrancarles
el dorado sabor del agua y la tierra

se sumergen con la boca abierta en sus cuerpos
se adentran en su sangre y en sus huesos
y por fin viven ahí para siempre
atándose con sus propias manos al otro
dejándose sentir la lluvia sobre el rostro

viernes

nosotros

cuántos años vivimos bajo nuestro cuerpo
anochecidos por nuestras ausencias
dormidos al deseo de ser nosotros

vamos en un pie sobre la línea plateada
atadas nuestras manos a la espalda mutua
las bocas unidas en una palabra

sin desear, sin ser para la muerte ni la vida
carentes de matices y con las manos vacías de nada
abandonados al desierto inmenso de nuestra verdad

abierto el cuerpo sangrante de destinos
siguiéndonos nuestros ojos a donde vamos
vuelan las manos y los labios a sus presencias

desatan a gritos los botones azules de nuestro cielo
y rompen las telas de las palabras no dichas
para verse respirar el uno dentro del otro

nuestra edad

dónde está nuestra edad
sin saber dónde estábamos
antes de estar aquí

pudo ser tan sólo ayer
que el cielo nos reventó
desde su seno azulado

qué edad tiene tu risa
que no se piensa en años
y no explora superficies

cuántos años tu corazón
que es más joven siempre
pues siempre quiere más

dime si cuando en las mañanas
abres tus ojos limpios
no es como la primera vez

naces a cada impulso de vivir
de amar a tus amores
y entregarte a ti en ellos

martes

ausencia

viejos muros son mis alas
que han volado tan alto
hasta el infierno
que es tu ausencia

escaleras hacia el precipicio
el camino que dejaste
puertas sólo de salida
las palabras que me diste

columnas sujetando el aire
tus esperanzas cambiantes
ventanas hacia la roca
tu corazón oculto

ausencia perfecta sin tu luz
sin el sonido de tu risa
esta casa vacía ya no tiene
ni donde poner almohadas

lunes

son

cascada de sol en silencio
es la vida que me das
arrullo de hijos de nubes
y vientos de llanto

ausencia en espacios brillantes
desbordados de luz y día,
agazapado a media felicidad
en mitad de gritos de júbilo

ahogado en lluvias bailarinas
muero de ser feliz y de no serlo
muero porque soy feliz
pero también porque no puedo

aire arrojado que me incendia
que me arrulla en esta muerte
que es estar contigo sin ti
y escucharte sin tenerte nunca

sábado

nuevo

en cascada los días
han saciado de espuma blanca
y rumores de agua
los caminos de mis labios

ya se agitan en golpe de mar
con las rocas de la mente
cantan alto las fuentes luminosas
de las voces que te llaman

ya se llenan los espacios
que el tiempo no ha visto
y fuera de él sabe tu mano
inventar mis días

ya es cada segundo vida
y presencia del espacio en mis manos
línea a línea apareces mi contorno
y luz a luz abres mis ojos

ya lo que no eres tú es una mancha
sombra de nada que el viento lleva
nube de días pasados
que ha llovido ya a nueva vida

ya viste el silencio de la noche
mientras dormía abandonado
a la entera certeza de mi sueño
en que vienes y me dices

lunes

sin tu sueño

No has dormido nunca
y esos párpados atestiguan el pasado,
no se hizo la oscuridad para tus ojos
ni el cansancio ni la muerte,
no has nacido para no habitarnos
sino para darnos luz, movimiento y vida.

Mi trabajo es tocarte
y despertarte siempre a todas horas,
para que no duerma el universo,
para que las nubes y las aguas
sigan el camino que tu dedo señala.

Mi plan es no dejarte dormir hoy ni mañana,
sino rodearte siempre de palabras
y elevarte en la espiral de sus sonidos;
evitar la pausa del espacio
que te observa donde vayas.

Mantener tu labio susurrando verdades,
desmenuzar tu piel en cada poro
y por fin renacerte en las mañanas
para que todo quede intacto,
para que todo parezca recién hecho.

Mas aunque todos a tu alrededor lo ignoren,
si no fuera porque siempre estás despierta
estarían todos aún dormidos y exhaustos
de existir si tu existencia.

miércoles

anahat

esa noche fue mi cielo para ti
salpicado de tus ojos
y eran tantas las huellas de tu tacto
que perdimos el temor de no encontrarnos

emanábamos a pie entre dos mundos
entre espíritus de sombra
y rocas con miradas hacia adentro

callaban las almas del purgatorio
a un gesto tuyo
con tu índice sobre los labios
dirigías el canto de los grillos

y sólo con existir tu aliento
llamabas a la vida a continuarse
entre las frases entrecortadas
que apenas decía el agua entre las piedras

muda, no interrumpía la luna
ahogada en su espejismo
y toqué tu rostro por primera vez
pero ya fue para siempre

sin moverte permitiste
que mis ojos y mi mente te fijaran
en esa fotografía de la noche
que no carcome el tiempo

sábado

sótano

romper de un grito el baúl intacto
donde ha de salir el rocío
que recién nace si lo abres

avanzar suave sobre el estremecimiento
y hablar a los abismos de la piel

en ningún lugar estaba este momento
y nada indicaba que fuera a suceder

ser sólo movimiento sin cuerpo
y sólo contemplación ardiente

a nadie dijimos que esta sería la hora
de venir triunfantes de la muerte

sacar al cuerpo de entre el barro
y a fuerza de miradas hacerlo florecer

domingo

lluvia 2

Hubo un relámpago,
una mano cayendo del cielo
con todas sus venas encendidas.

Qué melancólica la lluvia,
qué tarde, las bocas de Dios abiertas,
los corazones puestos a pensar,
sin muros las alas del recuerdo
y viene sin embargo
siempre lo mismo al corazón.

Que viniera un día el agua a vernos,
y la tierra dejase de ser roja;
pero no, el pasado nos miente de nuevo
para que el corazón viva hoy
con el coraje de ayer.

Allá los campos, allá,
por más que llueve nada
nos vemos con la boca abierta
alcanzando con la lengua
al ojo eco del cielo.

Dime si no es tristeza
el gris tan bello en la mitad
trayéndonos al pasado en esta tarde
para arder el cuerpo
y rescatar las cenizas

di si no es tristeza
¿para qué?

silencio

cómo si soy ahora un grito
y busco el tono
que pudiera darnos paz
sin que arda nuestra sangre

aguanto, espero agazapado
semejante a un respirar pausado
que se resigna a ser silencio

deseo por fin vencerme
y atarme a la tierra húmeda
a esperar otra tormenta

he querido levantar la mano
y untarte contra el viento

o morder vacíos oscuros
porque ya no puedo hablarte

jueves

espejo de agua

hemos avanzado sobre el agua
y se amotinan las nubes con su fuerza
fuera y alrededor nuestro

hemos caminado un poco
pisando hierbas secas que se quiebran
y no ha sido aún otoño

qué término de río sin cascada
has abierto en el nido desierto de mi pecho
y cuán solo se está hoy
donde antes sólo se estaba vacío

y era inútil primero tocar el agua desnuda
que emanaba de la punta de tus dedos
y es inútil ahora romper el árbol de raíz
que ha crecido robusto y bueno como un hombre

¿hacia dónde se enturbian nuestras aguas?
¿en qué reflejo y dónde he de encontrarte?

si he sido un sólo instante
de agua entre tus manos
y ya escurro entre tus dedos
que no han podido asirme
para que te sigas observando en mí

¡si al menos me agotaras en tu labio!
si después de verte en mí
me bebieras en tu reflejo
y habitara yo más tiempo lo que somos

pero han pasado ya de frente
y sin mirarnos
el hombre y la mujer que fuimos antes
sin saber de qué sueño de amor han despertado
ni hasta dónde llegó
el fuego que encendieron en el agua

martes

paisaje IV

ha llovido ya toda la tarde
y amanece el mar arrojándose a tu fuego

atraen las nubes el sabor de sal
y los peces han preferido callar
al sentir el temblor de tu paso

esta noche cielo
ha murmurado el vaivén del agua
y el miedo de la serpiente de fuego
se levanta del silencio

todo es ruido en esta noche
todo es luz, temblor y fuerza

y ese fuego allá a lo lejos
detrás del cielo y frente al agua
ha vivido ya en tus ojos
desde antes de esta noche
de esta noche que no acaba

lunes

anochece

Atravesado de mis ojos suena tu grito
pero no es un ay,
sino un estallido de luz
que desboca su mirada contra mí.


Ah, si suavemente supieras
lo que sé de ti sin que lo sepas
lo que quiero saber de tu cuerpo
lo que me une a ti en elemento
en materia inestable;
cómo deseo unirme contigo
habitarme en ti como si fuera tuyo
alejarme al centro de mí mismo
y contemplarnos desde ahí
como dos rocas al borde del río.



Si pudiéramos rompernos
en ese grito suave,
semejante al aletear de árbol
que pueda llevar en su centro
nuestra sangre,
y mecernos entre los brillos
de sus hojas
olvidaríamos también, una a una
las tristezas de los días pasados.

domingo

furia

he probado ya mil veces
el fuego de tu furia
he visto ya hasta hasta hartarme
la fuerza de tu sangre

ni la sombra lo creería
si observara tu mirada
de dulce y femenina que me acaba

cómo has levantado el mar en un sonido
cómo ha sido la estrella un despojo tuyo
y la brisa y el sonido de las olas
el aliento que no has querido llevar contigo

y a mí, que me ves sin verme
me llevas al sueño por la puerta de marfil
y me traes al infierno en tu silencio

qué sería de mí si un día me tomaras
como si una luz sin origen
se moviera entre los muertos
y amara por un momento el ojo de uno

he probado ya mil veces
el fuego de tu furia

sin temor del bosque y sus sonidos
que hasta la lluvia ha pasado sin tocarte
ni las bestias han deseado ver tus ojos
para no sentir la herida de tu labio

pero yo que existo apenas
en la orilla que olvidaste de tu mano
en el dedo más delgado que te queda
no he podido aún huír a mi destino

qué sería de mi vida si me vieras

martes

ha de ser

ha de ser
ha de ser
repíteme en ti
como un mantra
invócame
llévame en tu boca

ha de ser
ha de ser
va mi vida en tu saliva
si me lloras
daré frutos:
ha de ser

ha de ser
corazón
ha de ser:
mandrágoras en vino
vida al pie del árbol
toma de mi cuerpo
corazón
y arrójame a la tierra
que ha de ser
la vida
en su estallido

ha de ser

lunes

vine

solo
sobre los huesos
insinuándome aislado
bebiendo sal:
he venido niña,
he venido solo
quemándome los pies
ah, ansío tu aire
ah, tu sombra fresca

mas he ido sobre el tiempo
masticando otoño
bebiendo sal;
mas he temido amarte
huir al invierno
morir en ti

una y otra vez aislado
he temido llegar aquí,
mas ha sido este
el camino que sin ver
he visto

una y otra vez ciego
he viajado nunca y siempre
hacia el mismo lugar
condenado a ser yo
sin saber quién y cómo

mas habitado de tu multitud
he podido estar al fin
en silencio conmigo
y he venido solo,
a estar contigo, sin mí.

martes

cuadro

abría la nube su visión al sueño
si tu labio articulaba un gesto
o tu mano señalaba algo

oía el pétalo tu sueño
juntos, aisalados y en el todo
cayendo nunca circulares,
con ángeles coronados de tu pelo
que se desplumaban a tu parpadeo:
morir y vivir del cielo

así era posible el mundo
y las voces ocultas
de los objetos quietos y nocturnos
salían en gran baile
saltando alegres a nuestros oídos

hasta el rumor bravo del agua
en su ímpetu de morir
acababa por ser un pliegue de tu labio
que cedía a su suave curvatura
y ya nada olía a ayer ni a mañana

porque en ti el tiempo
surgía y se movía
ondulando siempre
su forma hacia ningún lado.

lunes

Rojo

Muerde tu lengua mi silencio.

Desborda el rojo mi cuerpo
atrás de ti día tras día
y te sueño y te vivo
mas quisiera morderte
como tú a mí.

He cabado un hueco
en el aire de los días pasados
para ocultarme en su oscuridad,
mas llegas hasta ahí
en forma de alba deslumbrante
y tu hermosura me lastima,
así que lloran mis ojos aguijoneados.

Con la luz y el aire
de los días rojos que trago
al ir de frente contra ellos
me asfixio y ya no puedo.
Se me ha atorado el corazón
en la garganta;
quisiera morderlo
para digerirlo suavemente,
pero está ahí
encogido de pies y manos,
temeroso.

Ábrele la puerta
déjalo que venga a verme
aunque sea sólo a veces
a decirme cómo estás
cuándo nos veremos
y cómo seremos entonces.